Llevo dos días intentando subir esto al blog. Estoy en Amritsar y el internet está fatal, te dan una clave por día y por aparato pero no sirve muy bien. Ayer sólo me quisieron dar una clave para el celular pero ya conseguí para el iPad.

Mi último día en Jaipur fue un día de contrastes, por un lado triste porque Erandi perdió su vuelo, quedó atrapada en Delhi 12 horas y ya no llegó a alcanzarme en Jaipur, así es que tuve que re-organizar todo mi plan. Tenía en la cabeza una idea de mi día con ella, pero al final no sabía todo lo que me estaba esperando.

Primero Akram me llevó a un templo hinduista de monos. Incrustado sobre unas montañas de piedra increíbles, está el templo del Dios Mono, ahora parecen ruinas pero está más vivo que nunca, las mujeres se bañan en aguas sagradas, mientras los monos brincan de un lado a otro. Yo me acerqué a uno de ellos para darle algo de comer, pero el mono bebé lo tiró al piso y no dejó de agarrarme el dedo con mucha curiosidad.

Después nos fuimos para Amber, el pueblo donde vive Akram, tuve un paseo en camello, nada del otro mundo, solamente sirvió para la foto y para experimentar más a fondo la intensidad de los Indios por la propina, no disfruté el paseo porque el que me llevaba jalando no dejó de pedirme que le diera 100 rupias de propina, muy molesto la verdad, así no dan ganas de dar propina.

Bajé un poco malhumorada del camello, el calor estaba muy fuerte y no es muy cómodo viajar en camello, tenía hambre y sed, Akram me vio y me dijo: tengo una sorpresa que te pondrá muy contenta, yo confié como siempre así que tomamos un bus muy parecido al turibus de México, mismos colores y mismo olor. Avanzamos unos cuantos kilómetros y llegamos a una parada, nos bajamos, yo en realidad no sabía a dónde ibámos, caminamos unos cuantos pasos, nos detuvimos y me dijo: esto lo tenía preparado para Erandi y para ti, es una lástima que tu amiga no hubiera llegado. Llegamos a una casa, una mujer hermosa envuelta en un Sari rosa nos esperaba en la puerta, era Medina Bagur, la mamá de Akram! estábamos afuera de su casa. Emocionada corrí a saludarla, ella me dijo: Good night dear, Akram la corrigió diciéndole que era “Good afternoon” ella sonrió y me hizo una seña para que entrara a su casa. Me quité los zapatos en la entrada, es un símbolo de respeto, entré y dentro estaban 2 jóvenes hermosas y un hombre, los hermanos de Akram. Más tarde bajó su cuñada con un bebé, Arshad, un bebé hermoso.

Nos sentamos a comer, las mujeres en la cocina ( menos yo porque era la invitada) y los hombres sentados. Comimos delicioso: arroz blanco, paneer mutter ( un tipo de queso blanco cortado en cuadritos con una salsa de muchas especies deliciosa) verduras mixtas con curry, naan chapati ( es el tipo de pan con el que se acompaña toda la comida, es tipo pan árabe pero muuuucho más rico, tiene especies) y pollo en una salsa molida de espinacas. Todo delicioso, de tomar, refresco Mirinda y de postre un pan remojado en dulce que no recuerdo el nombre. Pasamos un rato en familia, de las mejores experiencias que he tenido en este viaje, no cualquiera tiene el privilegio de vivir de cerca la cotidianidad de la gente, ver cómo visten, cómo se saludan, cómo comen y conviven.

Mientras estábamos sentados, no dejaban de mirarme, como si fuera de otro planeta, me pidieron que les cantara en español una canción de Martha Sánchez, es su máximo, les canté y me grabaron, luego bailamos Bollywood y al final me pidieron que les escribiera en un papel canciones de artistas mexicanos. Ya conocen a Luis Miguel y Alejandro Fernández.

Luego llegó el momento de despedirnos, los elefantes nos estaban esperando, Akram me regaló un símbolo de su altar, con el número 786, el número de la suerte para los musulmanes, su hermano me regaló unas Bangals (pulseras con brillitos) y su mamá un gran abrazo, me dijo, a través de Akram, que ya tenía familia en la India y que por favor le consiguiera una esposa para su hijo. Nos tomamos una foto en el sillón, me puse los zapatos y salí con un nudo en la garganta.

Nota: en la foto todos se ven muy serios, pero en realidad no dejan de sonreír.

Tomamos otro bus, llegamos a un lugar y nos esperaba una moto, nos subimos los 2 con el conductor, 3 en una moto, lo más normal en la India, avanzamos un poco y llegamos al Santuario de Elefantes. Yo estaba un poco insegura en ir, no soy nada partidaria de que tengan a los animales en cautiverio pero Akram me explicó que antes en la India era muy común utilizar a los elefantes como herramientas en trabajos muy duros, ahora existe más conciencia sobre el cuidado de ellos así es que el gobierno rescató a varios que trabajaban en casas o empresas y los llevaron a este lugar, viven en cautiverio pero tienen un gran lago para bañarse, dentro de todo se ven felices, fue como ir a visitar a alguien en prisión, así lo vi, como una forma de irle a dar amor a alguien que lo necesita. Ahí conocí a “Anili Taki” una elefanta de 20 años que robó mi corazón para siempre, estuvimos conviviendo como 2 horas, yo la abrazaba y si volteaba a sacar mi cámara o me alejaba un poco, ella me hacía ruiditos con la trompa y se acercaba más a mi. Estuvimos juntas y nos volvimos amigas, conectamos con la mirada fija por muchos minutos seguidos, y con la mirada le dije lo mucho que sentía que le hubiera tocada vivir esa vida en prisión.
Después me pasaron unas pinturas naturales, pinté su cuerpo, había muchas zonas donde le daban cosquillas, estuvo increíble. Después me enseñaron a subir en ella, no tienen sillas para no lastimarla así es que subí de forma rústica, luego subiré un video. El paseo fue hermoso, una experiencia que guardaré conmigo siempre.
Después de bañarla para quitarle la pintura, me despedí de ella con un beso en la trompa y le tomé una foto con la cámara de mi corazón.

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