Akram Ali nació en un pequeño pueblo cerca de Agra (donde está el Taj Mahal) se crió en una vida de campo, en sus palabras, una vida de libertad y fantasía. Su gran aventura diaria era robar algunos tomates del campo del vecino junto con sus amigos, corrían y se escondían tras los campos de caña para no ser vistos. Ahora confiesa que ya sabía que el dueño de la granja era amigo de su papá, así es que le regalaría todos los tomates que quisiera, pero claro, él se hacía como el que no sabía y prefería hacerse pasar por un pequeño ladrón.

Unos años después, su madre murió, así que el padre de Akram tomó a sus 5 pequeños hijos y se los llevó a la ciudad de Amber, en Rajasthán, donde tenía familia. Su padre se sentía muy solo, en esa época los hombres sólo se dedicaban a trabajar, no estaban acostumbrados a cuidar niños, así es que se le hizo fácil casarse con la hermana de su difunta esposa, una tierna y amorosa mujer llamada Madina Begun, que tomó con gusto el papel de madre y los crió a todos en un hogar de respeto, amor y espiritualidad.
Akram creció con un padre dedicado a la medicina Ayurveda, con sus 4 hermanos más pequeños y con su tía dedicada al hogar.
Esto que les cuento tiene que ver con lo que vivimos hoy. Akram y yo fuimos a un templo donde pedimos por nuestras familias, en una hoja escribimos los nombres de nuestros padres y cuando terminó de escribir, le pregunté si aquel era el nombre de su difunta madre, en ese momento cerró los ojos, los mantuvo así unos segundos, los abrió y me contestó lo siguiente: ¿sabes algo? hasta ahora, con tu pregunta me doy cuenta que por muchos años lamenté la muerte de mi madre y a mi tía nunca he podido llamarle mamá, y se que eso a ella le duele, pero en este papel acabo de anotar el nombre de mi tía, ahora puedo ver que ella es mi mamá, gracias Mrs. Susana, yo vine aquí a enseñarte, pero tu me has enseñado algo hoy. Después de esto, salió del templo y le llamó a su madre por teléfono…

Con esto que les comparto, espero perciban le esencia de la persona que me acompaña todos los días en mi aventura en La India. De verdad, me siento muy afortunada de tener el privilegio de haberlo conocido, jamás creí encontrar a una persona así aquí, sobretodo cuando he estado muy atenta a los demás guías que veo en la calle y la mayoría tiene esta vibra pesada e incómoda que tienen algunos Indios, son acosadores, hostigosos y engañosos.

Akram, nacido en un pequeño pueblo, dentro de una familia musulmana, ha decidido encontrar su propia manera de conectarse con la espiritualidad, ha decidido superarse, aprender inglés y estudiar una carrera de 4 años para convertirse en guía de turistas, lleva haciendo esto por más de 10 años y por suerte lo encontré. Akram ha sido mi guía desde que llegué, pero no sólo eso, también ha sido:

– Mi guardaespaldas

– Mi fotógrafo y director

Mi administrador de dinero (negocia hasta el final con los choferes de tuk tuk). Hemos tenido que dejar pasar como 10 porque dice que se quieren aprovechar de mi.

Mi compañero en meditación

Mi traductor culinario ( nunca se lo que estoy ordenando, pero siempre está delicioso)

Y lo más importante, ahora es mi amigo:

Así qué el es Akram, un gran fan de su país que me ha hecho amar a la India, conocerla y respetarla, quien me ha tenido paciencia, hecho reír con sus chistes, corrige mi inglés, acompaña largas caminatas cantando canciones de Bollywood, me enseña sobre religión y cada día me deja una lección de vida.
Definitivo, mi viaje no hubiera sido igual sin su compañía, sin su peculiar olor a curry y sin todos esos momentos que disfruto sola mientras va al baño ( a jijo porque cómo toma agua jaja)

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