Me he tenido que desaparecer un poco por estos rumbos porque estamos en época de exámenes. Diario damos clases de Hatha, Ashtanga y las clases normales siguen, así es que los pocos momentos libres son para estudiar y practicar. Hay que aprenderse los nombres de las posturas en sánscrito (una lengua sagrada que se usa para los mantras y posturas), explicar las posturas muy detalladamente y sus beneficios así como la conexión con el chakra que corresponde, alinear al alumno, cantar todos los mantras y mantener una sonrisa. Por otro lado estamos preparando una clase completa para la clase de anatomía sobre las complicaciones que como maestros, podamos enfrentar al tener alumnos de 50 años en adelante. Hay que estudiar para el examen práctico y escrito que es el jueves y preparar un speech de 10 minutos para el viernes. Uff!! es mucho, la verdad es que todos estamos dando nuestro máximo, seguimos meditando, perfeccionando nuestras posturas, practicando, estudiando y buscando momentos para no dejar de disfrutar.

Pero por otro lado, aquí las cosas siguen funcionando igual. Las vacas siguen caminando por las calles empujando a la gente en busca de comida, cuando de plano no encuentran, arrancan pósters de las paredes y se los comen muy felices.

Los changos se paran en el puente y te atacan por comida, a veces te jalan la mochila para buscar algo de comer. Están por todos lados, hasta en el rooftop de la escuela y hay que pelear con ellos para defender lo nuestro.

Pero no solo los changos te abordan, también los niños. Van caminando por las calles con unos dibujos hechos por ellos (la verdad bastante mal hechos) y se acercan a vendértelos, pero son muy listos, si les dices que no, te contestan: decir “no” es malo y te lleva a la infelicidad. Entonces te ríes y terminas comprándoles el dibujo chafísima en hoja de cuaderno, o cualquier cosa que lleguen a venderte.

La vida en la India es muy divertida, aprendes a ver el lado positivo y divertido de todo, te adaptas, cedes, agradeces y te liberas de todo lo que creías que era “lo normal”.

Esta es mi última semana en Rishikesh y estoy llena de emociones y sentimientos, me siento tan conectada con todo lo que pasa aquí… me hace sentido escuchar mantras cuando camino por la calle, que me reciban en un lugar juntando las palmas con un Namasté, que me hagan quitarme los zapatos al entrar a algún lugar y sobretodo que pueda ser yo, que pueda salir a la calle envuelta en una cobija por el frío, y que la gente me siga sonriendo igual. Pero estoy consciente que mi lugar está en México y me llena de ilusión saber que puedo llevar un poquito de lo que tengo aquí, con la gente que mas amo.

Gracias por leerme, les mando bendiciones y sonrisas.

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